Nuestra Señora de las Misericordias

Santa Rosa de Osos, Antioquia 

Historia del santuario

En julio de 1919 se celebró en Colombia el primer Congreso Mariano Nacional, al que se unieron todas las Diócesis y Parroquias de la República con especiales solemnidades marianas. En Santa Rosa, el Presbítero Gabriel Velásquez Chica lanzó la idea de levantar una estatua a la Virgen en un lugar público. Acogida la idea, fue encargada la ejecución de la imagen al eminente artista antioqueño Don Álvaro Carvajal Martínez, natural de Donmatías.

La bella imagen —de resplandeciente blancura, de impresionante fuerza de expresión en su rostro y en sus brazos acogedores— fue colocada en la plazuela de San Ignacio, frente a la vieja Casa de Ejercicios donde funcionaba desde 1915 el Seminario Mayor de la Diócesis, y descubierta en la mañana del 17 de julio de 1919 por el Señor Presbítero Rafael Yepes Carvajal, entonces Vicario General.

El Culto

Hasta 1930 pocos se habían preocupado de la santa imagen. Los que pasaban, tras una breve oración o un rápido saludo, continuaban su camino. En este año el Reverendo Padre José Tressel Sorel, eudista, aconsejó a la señora Josefa Casas, afligida por una gran necesidad, rezar quince veces el Santo Rosario a los pies de la imagen; antes de terminarlos, ya la Virgen Santísima le había concedido el favor.

Muchas otras personas fueron igualmente favorecidas en sus peticiones de pan, de vivienda, de salud o de trabajo para sí o para sus seres queridos, pues —como por inspiración simultánea de la Virgen Santísima— empezaron los fieles a rezar ante la imagen y a llegar caravanas de peregrinos de los pueblos vecinos. Empezó entonces el culto más fervoroso y la más grande devoción a la Santísima Virgen, de modo que no se la veía sola ni un instante del día y hasta altas horas de la noche.

El día 15 de agosto de 1931 cantó el Padre Gabriel Velásquez Chica la primera Salve en acción de gracias y, como los favores se multiplicaban y crecía la devoción, el Señor Obispo inauguró oficialmente el culto público y las peregrinaciones con una fiesta efectuada el 8 de septiembre de ese año 1931, en la que cantó las glorias de la Virgen Santísima ante un gran concurso de fieles y señaló ese día para su fiesta principal de cada año.

El mismo Obispo abrió un concurso para dar un nombre a la imagen y sorprendió el incalculable número de boletas en que se leía Nuestra Señora de las Misericordias.

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex eaPor insinuación del Señor Obispo, ante la constante afluencia de fieles, el Señor Cura Párroco Presbítero Andrés Elías Mejía Pérez levantó, con su coadjutor el Presbítero Roberto Giraldo Ramírez, un bellísimo templete que sirviera de solio a la imagen de Nuestra Señora, con planos del ingeniero Jesús Mejía y la dirección del maestro de obras Señor Gabriel González. Un año duró la construcción del monumento: de octubre de 1933 a septiembre de 1934.

El 30 de septiembre de 1934 fue inaugurado el templete con espléndidas solemnidades, en presencia de todos los fieles de Santa Rosa y peregrinos de los pueblos vecinos, sobre todo de Entrerríos y San Pedro; estos últimos llegaron acompañados de la hermosa imagen del Señor de los Milagros, que habría de dar especial esplendor a la fiesta de Nuestra Señora. Fue una solemnidad inolvidable para los que la presenciaron y como la aurora de los futuros triunfos de la Virgen Santísima en su nuevo santuario.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    En ese mismo año de 1934, Monseñor Builes Gómez compuso una piadosa novena en honor de Nuestra Señora de las Misericordias, en la que dejó desbordar los afectos de su corazón hacia la misericordiosa Madre del género humano, y prescribió su rezo como obligatorio en todas las iglesias y capillas de la Diócesis. En 1939 dispuso que en todas las iglesias parroquiales se tuviera con honor una imagen de Nuestra Señora de las Misericordias. Numerosos exvotos lucían ya en el pedestal como perpetuo testimonio de gratitud por los favores recibidos.

Año tras año iba creciendo la piedad y el culto hacia la bendita Madre, y numerosos fieles de la ciudad y de los pueblos vecinos oraban de continuo a los pies de María; para la novena y la fiesta clásica de Nuestra Señora, el 8 de septiembre, llegaban las peregrinaciones de diversos lugares que se sumaban a la multitud de devotos de la Ciudad.

El voto del Prelado

Días de angustia se presentaron para el Señor Obispo y para la misma Diócesis en el año 1934, ante el peligro de la desmembración y casi extinción de la Diócesis. Ocurrió que el Excelentísimo Señor Francisco Cristóbal Toro Correa nuevamente empezó a gestionar ante la Santa Sede la separación de las Diócesis de Antioquia y Jericó. Pero como las parroquias no parecían suficientes para dos Diócesis, se creyó necesario que algunas parroquias de la de Santa Rosa pasaran a formar parte de la de Antioquia.

Ante la posibilidad de que le fuera segregada gran parte del territorio diocesano —o sea todo el Occidente de la Diócesis, tomando como línea divisoria el otro lado de la cordillera, con parroquias tan importantes como Sopetrán, San Jerónimo, Liborina, Sabanalarga, etc.—, Monseñor Builes Gómez, considerando que con esta segregación la Diócesis quedaría casi eliminada, pues solo le quedaban unas pocas parroquias del altiplano y las regiones selváticas del norte y nordeste, pidió a la Santa Sede la indemnización de las feligresías que le fueran sustraídas, mediante la anexión a Santa Rosa de las parroquias de Barbosa, Santo Domingo, Cisneros, Yolombó, San Roque, Maceo y Puerto Berrío, pertenecientes a la Arquidiócesis de Medellín.

En 1935, antes de emprender un viaje a Bogotá a una de sus gestiones oficiales, Monseñor Builes, en presencia del Seminario Mayor, hizo a la Santísima Virgen el voto de levantar en su honor un magnífico templo si libraba a la Diócesis del peligro que la amenazaba.

Primeros pasos

La hora de Dios llegó por fin en el año de 1950 cuando, solucionados los problemas inmediatos de la Diócesis y levantado el edificio del Seminario, pudo el Prelado pensar en emprender la construcción del templo, al que desde un principio dio el nombre de «Basílica», seguro de que la Santa Sede le concedería ese título una vez terminada la obra. Así lo anunció a sus fieles en Circular del 2 de febrero de 1950:

 

En nombre de Nuestra Señora de las Misericordias envío a Vuestra Reverencia, a sus feligreses, a todos los sacerdotes y a las almas amantes de tan dulce Madre, esta Circular mariana, para hacerles saber que ha llegado la hora de levantarle su Basílica y significarles que como un solo hombre nos vamos a levantar y a mover todos unidos para llevar a cabo la obra.

 
Circular del 2 de febrero de 1950 — texto completo

Es un voto diocesano

La Basílica es un voto diocesano, presentado a la Santísima Virgen de las Misericordias en 1935, cuando la Diócesis estuvo a punto de ser eliminada, porque se intentó quitarle toda la porción occidental, dejándola sólo con la capital, unas pocas parroquias del altiplano y las selvas aún inextricables y malsanas del norte. La Madre de las Misericordias escuchó nuestro Voto, y ha llegado la hora de cumplirlo.

Especificación de la Basílica

Los planos de la Basílica, que se levantará en el antiguo Seminario Conciliar en una superficie de 1.849 metros cuadrados, tienen las siguientes especificaciones:

Ocupará la Basílica un cuadrado de 43 metros de lado, dejando el resto del predio para atrio y jardines; tendrá en cada ángulo una torre semejante al templete actual y una gran torre central; todas las construcciones, en estilo gótico florentino, el más apropiado para esta hermosa cumbre andina y el más digno de nuestra adorada Madre de las Misericordias. Debajo del suelo habrá una cripta lo más hermosa posible, para los restos de los amantes de María, sacerdotes y fieles, que quieran esperar a los pies de la Madre de las Misericordias la resurrección de los muertos.

Plazo para las construcciones

Según la voluntad de la Reina querida, la primera piedra se bendecirá con toda la solemnidad posible el 8 de septiembre de este año de 1950, para continuar inmediatamente y con la mayor intensidad los trabajos, e inaugurar la Basílica el 8 de diciembre de 1954, primer centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. El plazo para esta realización de la obra es, pues, de 4 años 10 meses; plazo demasiado corto si contamos con nuestras solas fuerzas, pero más que suficiente al ser Ella misma la que va a realizar su obra, valiéndose de sus hijos amantes, como de instrumentos dóciles.

El presupuesto

El presupuesto, considerado muy por lo bajo, es de seiscientos mil pesos ($600.000,00) m/l. que, con la ayuda de la Santísima Virgen y vuestra buena voluntad, cubriremos en los cuatro años, al paso que se vayan adelantando las construcciones. Aparentemente es muy alta la cuota anual de $150.000,00 durante los cuatro años; pero Ella es la Tesorera y, cuando nos vea muy apurados, nos tenderá su mano cariñosa.

Medios para la consecución del dinero

Es preciso que cada hijo amante de esta Madre Misericordiosa se persuada de que la Basílica es suya, como suya es su madre del Cielo, y se proponga ayudar personalmente y convertirse en un apóstol y propagandista de la Basílica; dar y hacer que den; dar desde mil pesos hasta un centavo; y así todos unidos levantaremos en cuatro años nuestra Basílica.

Primer medio — reparto de los $600.000
AportantesAporte c/uTotal
50 personas$1.000$50.000,00
200 personas$500$100.000,00
500 personas$200$100.000,00
1.000 personas$100$100.000,00
2.000 personas$50$100.000,00
Las parroquias de la Diócesis$150.000,00
Total$600.000,00

Segundo medio: como seguramente no será posible reunir este crecido número de personas, insinuamos lo siguiente: manden de una vez a la Honorable Junta que preside dignamente don Román Ángel Agudelo el obsequio que desde ahora les inspire su amor a la Virgen. De las parroquias se puede mandar, por medio del Señor Cura, desde mil pesos hasta un centavo, una vaca, un ternero, un cerdo, una gallina, un muleto, un bulto de cemento, diez ladrillos, diez tejas, un camión de arena, de cascajo o de piedra, una alhaja de oro, etc.

Sí, Venerables Sacerdotes: cuántos anillos, aretes, prendedores y otras alhajas están por ahí guardadas sin uso, pudiéndose enviar aquí a la Basílica de nuestra tierna Madre. Os recomendamos un favor y celo ardientes para colectar todas estas alhajas, y la Reina os lo tendrá en cuenta, tanto a vosotros como a los donantes.

Junta Pro Basílica

  • Don Ramón Ángel AgudeloPresidente
  • Don Lisandro DíazVicepresidente
  • Don Antonio MachadoTesorero
  • Srta. Teresa GómezSecretaria General
  • Srta. Clementina BetancurAsesora
  • Doña Teresa Pérez de CorreaVocal
  • Señor Cura PárrocoAsesor de la Junta
  • Pbro. Roberto GiraldoDirector de Obras

Comité Ejecutivo

  • Doctor Jorge Calle Machado
  • Don Arturo Zapata
  • Don Alfonso Bustamante
  • Don Alfredo Roldán

En nombre de la Madre Misericordiosa os estimulo a empezar inmediatamente la colecta, aplicándoos con amor estas palabras del Evangelio: «Lo que has de hacer, hazlo pronto»; lo que has de dar, dalo pronto, que el que da pronto, da dos veces.

Muchas dificultades se presentaron al Señor Obispo antes de emprender los trabajos, de las cuales no fue la menor la opinión de muchos «prudentes», sacerdotes y fieles, que juzgaban inútil la construcción de un nuevo templo en Santa Rosa donde, fuera de la Catedral, había muchas capillas para el culto; y además de inútil, opinaban que sería una temeridad emprender sin fondos una obra de tal magnitud: «¿De dónde sacará la Diócesis quinientos mil pesos que por lo menos valdrá la construcción?», se preguntaban. El Señor Obispo respondía que estaba obligado a ello por un voto, y que no haría un templo pequeño como le aconsejaban algunos, sino una obra extraordinaria por sus dimensiones y por su belleza, algo digno de la Reina Misericordiosa y de recibir el título de Basílica; lo sostenía su fe inquebrantable y profunda y su confianza en la protección de María.

Bendición y colocación de la primera piedra

Con todo el esplendor del Ceremonial Litúrgico, el 8 de septiembre de 1950 pudo el Excelentísimo Señor Obispo, como ya lo había anunciado, proceder a la Bendición y Colocación de la Primera Piedra para la Gran Basílica.

En su alocución, el Prelado —después de explicar el sentido que la piedra ha tenido en la historia de la humanidad y a través del Antiguo Testamento— lanza el concepto de que «la piedra angular de esta Basílica es Cristo», por eso dice: «nosotros vamos a fundamentar sobre Cristo mismo, representado en esta piedra, el grandioso monumento que le glorificará a Él en los siglos venideros, y honrará a la Madre adorada de las Misericordias».

 

Empieza la construcción

Colocada ya la primera piedra, el Señor Obispo —con su férrea voluntad, animado por su fe viva y activa— pone al servicio de la obra todos sus recursos espirituales y materiales; multiplica su actividad, prende en las almas el fervor por la obra, que ha de ser no sólo piedad y oración, sino también trabajo y dinero; él mismo carga sobre sus hombros piedras para las bases del templo y siente cómo, en ese sencillo quehacer material y en sus fervores espirituales, le siguen las muchedumbres. El pueblo de Santa Rosa acude en masa a los «convites» para acumular los materiales de la edificación, y sus hijos todos, residentes y ausentes, y los pueblos todos de la Diócesis envían sus limosnas para pagar directores y obreros, los materiales de la construcción y para atender a los mil detalles de esta obra gigantesca.

Los primeros trabajos consistieron en preparar el terreno para la construcción, demoliendo la parte más antigua del viejo edificio del Seminario Conciliar y haciendo una notable excavación para la cripta, que el Señor Obispo quería de las mismas dimensiones de la Basílica: recolección de cantidades de cascajo, arena, piedra y adobe; selección de proyectos y decisión sobre el estilo del templo; dar la seguridad necesaria al terreno pues, estando rodeado de hondonadas, era preciso eliminar los peligros. Todo esto ocupó los primeros meses, mientras el arquitecto Albano Germanetti elaboraba los primeros planos, «que no fue posible aceptar por tres razones principales:

El altísimo costo de la obra proyectada, que ascendería a más de tres millones de pesos;

El largo tiempo de construcción, no inferior a veinte años de trabajo continuo; y

La falta de obreros especializados para la ejecución de los innumerables detalles de ornamentación propuesta en aquellos planos».

 

Con gran pesar del Señor Obispo, que quería ver avanzar rápidamente la obra, fue preciso suspenderla por varios meses y confiar la elaboración de los planos a los arquitectos de la Casa «Suárez, Gómez, Arango Ltda.».

Finalmente, el 25 de febrero de 1952 se reanudaron los trabajos de construcción del edificio, suspendidos mientras se tomaba una resolución definitiva sobre los planos de esta obra colosal. El 25 de marzo de 1952, por medio de la Circular N.º 761, comunicó el Señor Obispo a los fieles diocesanos la reanudación de los trabajos del templo en honor de la Madre de las Misericordias.

Bendición de la cripta

Los trabajos continuaron ya sin interrupción hasta 1954 cuando, terminada la cripta en su obra negra, pudo el Excelentísimo Señor Obispo señalar para su inauguración los días del Congreso Mariano Diocesano, que se celebró del 4 al 8 de septiembre del mismo año.

«La construcción de la cripta —dijo un sacerdote— es una cosa providencial, casi increíble, porque son muchos los miles de pesos ahí invertidos, y la generosidad de los diocesanos no ha correspondido, como se esperaba, a ese esfuerzo titánico del Prelado»

 

El día 5 de septiembre, primero del Congreso, fue el señalado para la solemne inauguración. Frente al Palacio Episcopal fue bendecida la imagen de Nuestra Señora de las Misericordias que se habría de colocar en la cripta, y llevada en procesión, precedida por los Señores Obispos Builes Gómez y Aníbal Muñoz Duque, acompañados del Clero de la ciudad, de los Seminarios Conciliar y de Misiones, Comunidades religiosas y fieles.

Al llegar, el Excelentísimo Señor Builes Gómez bendijo la cripta y a continuación celebró Misa Pontifical el Excelentísimo Señor Muñoz Duque, en la que predicó el Reverendo Padre Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, Rector entonces del Seminario de Misiones. En los días siguientes del Congreso se celebró Misa Pontifical en la cripta, así como otros actos piadosos.

Nueva interrupción

Por segunda vez fue preciso suspender trabajos, porque los fondos se habían terminado. Nuevamente el Prelado debía pensar en recolectar, a base de limosnas, el dinero necesario para continuarlos. Uno de los medios que empleó fue dirigirse directamente por escrito a personas pudientes para solicitarles su contribución, con una carta que envió a muchas personas de su Diócesis y de las distintas ciudades del país.

A pesar de los esfuerzos del Prelado, el dinero no llegaba, por lo cual los trabajos continuaron suspendidos. En 1955 ideó otra nueva forma de contribución y repartió, especialmente entre sus diocesanos, una hojita con la imagen de la Santísima Virgen, algunas oraciones y la petición de tres pesos por persona. Decía así en la primera página, debajo de la imagen: «Nuestra Señora de las Misericordias pide a cada diocesano de Santa Rosa de Osos, residente o no en la Diócesis, tres pesos por persona para seguir su Basílica».

Hojita del 8 de septiembre de 1955 — texto completo

Primera página

Nuestra Señora de las Misericordias pide a cada diocesano de Santa Rosa de Osos, residente o no en la Diócesis, tres pesos por persona para seguir su Basílica.

Última página

Hace varios años que, en hora trágica y decisiva para la existencia de la Diócesis, el suscrito Obispo Diocesano, ante la imagen de la Madre de las Misericordias y en presencia de varios sacerdotes y todo el Seminario Mayor, formuló el voto solemne de levantarle una gran Basílica si impedía la desmembración de la Diócesis, lo que equivalía a su eliminación. La adorada Reina escuchó el voto diocesano, la Diócesis quedó incólume, pero con un compromiso sagrado, que es el de levantarle su Basílica.

El presupuesto, según los planos elaborados por la Sociedad Gómez Suárez y Cía., arroja la suma de un millón de pesos, de los cuales se han colectado ya $200.000 que se gastaron en la preciosa y amplia cripta que muchos de los fieles conocen y admiran. Nos faltan ochocientos mil pesos que tenemos que recoger en el menor tiempo posible. Los diocesanos residentes son doscientos ochenta mil según el censo. Si cada uno de ellos —grandes y chicos, pobres y ricos— da los tres pesos pedidos por una vez por la querida Madre, tendremos los ochocientos mil pesos que nos faltan. Pronto, pronto, queridos diocesanos, enviadme cada uno los tres pesos que os corresponden.

Santa Rosa de Osos, septiembre 8 de 1955, día de la Reina de las Misericordias. Os bendice vuestro afectísimo en Cristo, Miguel Ángel, Obispo.

Bodas de Plata del culto público oficial

Se acercaban las Bodas de Plata de la inauguración oficial de la devoción a Nuestra Señora de las Misericordias y el Prelado —cuya fe no desmayaba a pesar de que hacía ya casi dos años que la obra se había suspendido— envió una nueva Circular a sus diocesanos el 31 de mayo de 1956, invitándolos a celebrar con especial esplendor la fiesta de ese año.

Circular del 31 de mayo de 1956 — Bodas de Plata

Hace veinticinco años que este vuestro Obispo —preocupado ante la intensidad de las plegarias, las luces y los exvotos de los fieles a los pies de la Reina de las Misericordias; conmovido por los grandes e innumerables beneficios que iba derramando con mano generosa la dulcísima Señora de las Misericordias en el orden material y en el orden espiritual; impulsado, en fin, por los ruegos del clero y del pueblo— inauguró oficialmente el culto y las peregrinaciones ante la sagrada imagen de la plazuela del viejo Seminario, el 8 de septiembre del año 1931, y señaló este día para celebrar la fiesta anual de Nuestra Señora de las Misericordias, nombre que en célebre concurso le dio el pueblo amante de su Reina y Señora.

Hace de esa feliz inauguración veinticinco años, siendo por tanto este año de 1956 año jubilar de la iniciación de las tiernísimas festividades en honor de nuestra dulce Madre de las Misericordias. […] Para la digna celebración de esta fecha memorable damos las siguientes disposiciones:

Todas las parroquias y vicarías parroquiales celebrarán este año, con extraordinaria solemnidad, la novena y fiesta de la Madre de las Misericordias, por tratarse de las Bodas de Plata de la inauguración de su culto. En estas solemnidades ha de primar la intención de agradecer a la Reina sus bondades con la Diócesis, con las parroquias, con el Clero y con los fieles. Esa gratitud debe extenderse a los favores concedidos a los peregrinos que desde lejanas tierras han venido a postrarse a los pies de su santuario, a decirle con lágrimas en los ojos: «¡Gracias, Madre mía, gracias!».

La segunda disposición se refiere a la Basílica en construcción. Cada parroquia y cada vicaría parroquial debe contribuir este año con la tercera parte de lo que le corresponde dar según el impuesto de tres pesos por persona, pues nos urge tener en caja para 1957 siquiera la suma de cien mil pesos, para empezar de nuevo las construcciones, interrumpidas desde hace casi dos años por falta de fondos. Y si acometemos de nuevo las construcciones sin fondos de alguna consideración, tendremos que suspenderlas por segunda vez, y esto es lo que no queremos, ni la Santísima Virgen tampoco. […] Terminamos: a todos nuestros amados hijos les queremos recordar que la Basílica es un voto diocesano cuyo cumplimiento urge como acción de gracias, porque la Diócesis, que en hora trágica pudo quedar eliminada, subsiste sin embargo por la protección de nuestra Augusta Madre de las Misericordias.

Continúa la obra

La fe del Señor Obispo y su tenaz empeño no quedaron defraudados. En 1957, después de aprovechar la larga interrupción para perfeccionar definitivamente los planos, se reemprendieron con nuevo empuje los trabajos, y el año 1958 se destacó por el avance más notable en la obra. Desde enero de 1957 hasta octubre de 1959 se recogieron $319.942,71, los cuales fueron invertidos en su totalidad. Ya el 22 de abril de 1959, al terminar la Circular en que se despide de los fieles antes de partir a la Visita Ad Limina, pudo darles buenas noticias sobre el avance de la construcción:

Circular del 22 de abril de 1959 — Estado de la obra

[…] Ocho años con ocho meses han transcurrido a partir de la bendición de la primera piedra, colocada el 8 de septiembre de 1950 en la columna angular del lado del Evangelio, y en este espacio de tiempo tenemos terminada la cripta en su obra negra, con capacidad para cinco mil personas de pie; de la Basílica misma hemos construido tres ojivas y media, de una altura de veintitrés metros, ojivas que cubren ya los cuatro brazos de la gran cruz que forma el recinto de la Basílica. Nos faltan los cuatro pétalos —como graciosamente los han llamado— que, partiendo de las junturas inferiores de las ojivas, subirán luego curvándose artísticamente y elevándose tres metros sobre los ápices de las ojivas, o sea, 26 metros; se inclinan luego hacia el centro, formando bóveda, pero dejando libre la base circular de donde parte la flecha, que subirá a su vez otros 26 metros, con una esbeltez y magnificencia no igualadas en ninguno de nuestros templos colombianos, ni aun de la América Latina, según información de los ingenieros Suárez Arango y Cía., la Casa más acreditada de Medellín.

Pueden imaginar nuestros venerados sacerdotes y nuestros amados hijos cuál será el costo de esta «maravilla» que será nuestra Basílica.

En nombre de la Madre de las Misericordias pido a todos mis diocesanos residentes en la Diócesis, y a los que hayan cambiado su domicilio, y a todos los no diocesanos que amen a la Santísima Virgen y quieran socorrernos, les pido, repito, que me hagan cada uno un empréstito de $100,00 —como ya lo han hecho muchos— para pagarles una vez terminada la obra negra, que será dentro de dos años a partir de esta fecha, es decir, 1961.

Si diez mil personas me prestan cada una $100,00 —oídlo bien, $100,00 no más— tendremos un millón para terminar la obra negra; los que podáis prestarnos estos cien pesitos, hacedlo sin tardanza, pues nos urgen para continuar las construcciones sin volverlas a interrumpir.

Nuevos apuros

A mediados de junio de 1961, mientras se proseguían los trabajos, el dinero empezó a escasear otra vez y el Prelado, que ansiaba ver cuanto antes terminada la obra negra, tomó de nuevo la pluma para excitar la generosidad de los amantes de María. Escribió una carta dirigida a los que, siendo pudientes, estaban en alguna forma ligados a la Diócesis:

Carta de junio de 1961 — Petición a los pudientes

Muy estimado señor: estamos en un apuro sumamente serio relacionado con la Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias en esta ciudad capital diocesana. Nos hemos comprometido con Nuestra Señora y con nuestros amados diocesanos a entregarle el 8 de septiembre próximo la obra negra de su Basílica.

Pero nos faltan ciento cincuenta mil pesos para dicha obra negra, al paso que la decoración está presupuestada en quinientos mil pesos, o sea que nos falta para terminar la bellísima Basílica un total de seiscientos cincuenta mil pesos ($650.000,00).

Para los ciento cincuenta mil pesos que tenemos que conseguir en estos tres meses, de junio a septiembre, acudo a usted para rogarle que me mande a esta ciudad la cantidad que la dulce Madre le inspire, sea porque usted es originario de esta Diócesis, sea porque, no siendo de ella, aquí tiene sus fincas y mi Dios lo ha socorrido económicamente en este suelo diocesano; y con esa limosna muestra su gratitud a la Divina Providencia y a la Madre de las Misericordias, y Dios le pagará con abundancia su obsequio.

En espera de su amable respuesta y de su generosa cooperación, envío para usted y para los suyos la santa bendición episcopal y me suscribo su atento y seguro servidor.

Por los mismos días el Prelado se dirigió también a las Hermanas Misioneras Teresitas de todas las Casas, para pedirles igualmente su colaboración.

La novena del año de 1961

El día 15 de julio de 1961 envió el Señor Obispo una Circular a sus fieles, preparatoria para la novena de ese año, que quería se ofreciera de manera especial en toda la Diócesis para pedir, por la intercesión de la Madre de las Misericordias, que el mundo entero y en especial nuestra Patria colombiana fueran librados del peligro del comunismo.

Circular del 15 de julio de 1961 — La novena por la Patria

Ordenamos, en consecuencia, que en las Parroquias, Vicarías Parroquiales y capellanías de nuestra Diócesis, lo mismo que en todas las casas de religiosos y religiosas, se rece la novena ante la imagen de Nuestra Señora, precedida del desfile de costumbre en esta ciudad capital diocesana y donde haya estatuas fuera del templo. Terminado el rezo de cada día, hágase una plática o lectura breve sobre la Santísima Virgen, a fin de que los fieles la conozcan mejor y la quieran cada día más. Ojalá en todas estas parroquias, y aún en los hogares, se rece el rosario de la aurora con cantos a María.

Os comunico con la mayor satisfacción que ya se está colocando la gran flecha de 22 metros de altura —ella sola— de estructura metálica, madera incorruptible y láminas de cobre traídas desde el extranjero, coronada por la cruz como en todos los templos de Dios (la flecha fue donación del Clero diocesano). También se está construyendo el bello pórtico que cubrirá parte del atrio y dará especial realce al hermoso conjunto ojival. Esperamos, además, tener para el gran día 8 de septiembre próximo los ocho grandes ventanales de cristal que unirán en graciosa curva las ojivas, siempre que no se nos presenten obstáculos insalvables.

Podrán ver en estas obras nuestros amados hijos que vengan en peregrinación en qué se han empleado las limosnas que de su corazón y de sus manos han pasado a las nuestras para las construcciones, con las cuales buscamos la gloria de nuestra querida Madre de las Misericordias; verán también cómo seguiremos empleando los obsequios que nos envíen para la continuación y conclusión de la Basílica de nuestra Reina.

El año pasado tuvimos grandes consuelos al recibir en nuestro lecho de enfermo la deliciosa noticia de la afluencia jamás vista en las grandes festividades de la novena y el gran día de Nuestra Señora de las Misericordias: la multitud copiosa como nunca, de peregrinos de todas partes, y el santo entusiasmo, devoción y alegría de todas las gentes en esos días de bendición. Más numerosa aún la deseamos y esperamos este año, con ocasión de la terminación de la obra negra.

Conforme a la bellísima costumbre de las peregrinaciones anuales durante la novena, y sobre todo el gran día de la fiesta, os recomendamos, amados hijos, que no le neguéis vuestra visita a la dulce Reina en copiosa multitud: los vecinos de Yarumal y Valdivia, de Caucasia y demás pueblos del Bajo Cauca; los vecinos de Campamento y Angostura, de Carolina y Gómez Plata, de Donmatías y Entrerríos, de San Pedro y Belmira, de Palmitas y San Jerónimo, de Sopetrán y Ebéjico, de Olaya y Liborina, de San Andrés, San José y Toledo, y hasta de Ituango lejano y las parroquias vecinas, y de toda la Diócesis, de toda Antioquia y de toda Colombia, para pedirle a la Reina que libre a la Diócesis y a la Patria amada del peligro comunista que nos amenaza visiblemente. Venid, pues, venid.

[…] También les exhortamos vivamente a que nos presten generosos su ayuda pecuniaria para continuar y concluir la grandiosa obra.

La novena resultó como el Prelado la deseaba y esperaba: concurrida y solemne. Pero no fue posible, como él lo pensaba, inaugurar la obra negra, para lo cual habría de esperar un año más. Entretanto, su fe y su confianza ya tan probadas iban creciendo y, sin desmayos, siguió pidiendo la ayuda de las buenas personas, como lo demuestra una carta que escribió en marzo de 1962, de la que —como de las anteriores— envió muchas copias a diocesanos y habitantes de otras ciudades:

Inauguración de la obra negra en 1962

Llegó por fin el 8 de septiembre de 1962, día en que las aspiraciones del Señor Obispo iban a verse cumplidas. La obra negra estaba terminada y ya era una realidad el que, en la cumbre de la meseta santarrosana, se elevaba un monumento que a través de los años, y quizá de los siglos, perpetuaría el amor y la gratitud del Excelentísimo Señor Builes y de todos sus diocesanos a la Madre de las Misericordias. El Prelado, reflejando en su rostro una satisfacción imposible de describir, en extraordinaria celebración entregó la Basílica ese día al culto público.

«Una gigantesca cruz griega con un área de ochocientos cincuenta metros cuadrados y capacidad para tres mil cuatrocientas personas; unas ojivas soberbias que alcanzan una altura interior de veintiséis metros y están coronadas por una flecha de treinta y un metros. El altar adecuado para la Santa Misa, y el sagrario para la guarda del Sacramento, y, en mármol, tallada primorosamente por artista italiano, una bellísima imagen de Nuestra Señora de las Misericordias, copia de la colocada en el monumento de la Plazuela […]».

 

La fiesta de 1963

El 22 de junio de 1963 Monseñor Builes Gómez se dirigió a todos los sacerdotes y fieles de la Diócesis para invitarlos a la fiesta que ese año celebraría el 15 de agosto, por tener que asistir el Prelado a la segunda etapa del Concilio Ecuménico Vaticano II. Ya hasta la Nunciatura había llegado la fama de las solemnes festividades marianas que anualmente se celebran en Santa Rosa, y el Señor Nuncio en persona se uniría ese año a los homenajes a la Reina de los Cielos.

Circular del 22 de junio de 1963 — La visita del Nuncio

Gratísima noticia para nuestra Diócesis y para todos sus sacerdotes y fieles: el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, Monseñor José Paupini, se ha dignado aceptar la invitación que le hemos hecho para visitar la Diócesis, con ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de las Misericordias. Llegará a nuestra ciudad el día 14 de agosto, en las horas de la mañana; presidirá el desfile de la tarde hacia la Basílica de Nuestra Señora, para el último día de la novena, y celebrará de Pontifical el día de la fiesta. La presencia del dignísimo representante de Su Santidad, que nos honra generosamente, dará a las festividades de Nuestra Señora de las Misericordias un realce singular y será la oportunidad de manifestar a la Santa Sede, en la persona del Excelentísimo Señor Nuncio, los sentimientos de fe, de veneración y amor que arden en los corazones de todos los sacerdotes, religiosos y fieles de nuestra Diócesis hacia la Santa Sede Apostólica, que ahora se acrecientan con ocasión del faustísimo acontecimiento de la elección de nuestro Santísimo Padre el Papa Paulo VI como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo en la tierra.

Con qué viva complacencia os ofrecemos el amplio recinto de la Basílica para recibiros, carísimos hijos, y para presentaros ante la Reina del Cielo. Este ha sido un milagro de su misericordia y de vuestra generosidad. Sus amplias naves, que os acogerán al llegar cerca de María en piadosas peregrinaciones; la belleza singular de los diversos frentes, constelados de luces; la erguida flecha, que es símbolo de las manos que se elevan en ferviente oración hacia los cielos; y, sobre todo, la imagen bellísima de Nuestra Señora de las Misericordias, tallada en precioso mármol con tal agilidad y finura de las líneas que parece viva, con su rostro amabilísimo, iluminado por la sonrisa de sus labios y el resplandor de su mirada, abiertos los brazos misericordiosos en dulce ademán acogedor, son el regocijo de nuestro corazón, la seguridad de nuestras esperanzas, el alivio de nuestros dolores y la certeza de la protección de María en vida y muerte.

Doce años de lucha para la construcción de la Basílica —entre los cuales debemos destacar ocho de ellos de difíciles trabajos— tienen ya el premio en esa obra maravillosa de la Basílica que, a más de constituir el decoro de nuestra ciudad y el orgullo de nuestra Diócesis, simboliza la oración perpetua de nuestras almas y el homenaje que vuestra generosidad rinde a la grandeza de María. Dentro de ella, bajo sus bóvedas amplísimas, al resplandor de sus incontables luceros, vamos este año todos —carísimos sacerdotes y religiosos y amadísimos fieles— a reunirnos piadosamente para honrar a Nuestra Señora de las Misericordias, con la alegre satisfacción de haberle ofrecido una morada si no digna de su grandeza, al menos decorosa y bella, en cuanto ha sido posible a nuestros recursos y a las condiciones de nuestra Diócesis.

Pero la Basílica no está terminada. En primer lugar, aún debemos cantidades respetables a los señores ingenieros y a algunos de los contratistas de la obra. Los señores ingenieros, con singular asiduidad e interés, consagraron sus eminentes capacidades científicas y técnicas a la elaboración de los planos; dispensaron su continua asistencia a la ejecución de la obra, dispuestos en todo momento a resolver consultas, atender nuestras sugerencias y animados del anhelo de hacer de esta obra no solo un monumento de piedad y gratitud a María Santísima, sino un grandioso símbolo de arte y técnica puestas al servicio de un sentimiento devoto. A ellos debemos cubrirles los estipendios que aún les son debidos, como debemos también cancelar otras deudas, antes de proseguir la terminación de la obra…

Sobra decir que la Diócesis entera se puso en movimiento y la fiesta resultó tan solemne como el Prelado la había deseado; tanto, que el Señor Nuncio se propuso volver al año siguiente, como en efecto lo hizo.

Últimos trabajos

Por el mismo Prelado sabemos que, para cubrir deudas, terminar el acabado de la Basílica y conseguir todo lo demás que requiere la completa dotación de un templo de tal naturaleza, faltaban aún $500.000,00. En los pocos años que le quedaron al frente de la Diócesis siguió atendiendo Monseñor Builes Gómez a todos estos gastos, hasta 1967, cuando definitivamente se retiró del gobierno de la Diócesis.

Luego, a sus sucesores les correspondió realizar los trabajos finales de decoración (1968–1970), la dedicación solemne del templo (1971), la proclamación del mismo como Basílica (1972) y la erección como parroquia (1996).

Hoy, la emblemática Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias habla a las nuevas y venideras generaciones del amor sobreabundante de un Obispo y sus diocesanos a la Reina y Madre de los Cielos, «tesorera de todas las gracias», como la llamó el «loco del Avemaría», como calificaron las gentes a Monseñor Miguel Ángel Builes Gómez.

1915
Seminario Mayor en San Ignacio
El Seminario Mayor de la Diócesis funcionaba desde este año en la vieja Casa de Ejercicios, en la plazuela de San Ignacio, frente al lugar donde más tarde se colocaría la imagen.
Julio de 1919
Primer Congreso Mariano Nacional
Durante el primer Congreso Mariano Nacional de Colombia, el Presbítero Gabriel Velásquez Chica propone levantar una estatua a la Virgen en un lugar público. La obra se encarga al artista antioqueño Álvaro Carvajal Martínez, de Donmatías.
17 de julio de 1919
Se descubre la imagen
La imagen es colocada en la plazuela de San Ignacio y descubierta por el Presbítero Rafael Yepes Carvajal, entonces Vicario General.
1930
Nace el culto
El Padre José Tressel Sorel, eudista, aconseja a Josefa Casas rezar quince rosarios ante la imagen; recibe el favor antes de terminarlos. Comienzan las peregrinaciones de los pueblos vecinos.
15 de agosto de 1931
Primera Salve
El Padre Gabriel Velásquez Chica canta la primera Salve en acción de gracias ante la imagen.
8 de septiembre de 1931
Inauguración del culto público
El Obispo inaugura oficialmente el culto y las peregrinaciones y fija este día como fiesta principal anual. Un concurso popular da a la imagen el nombre de «Nuestra Señora de las Misericordias».
Oct. 1933 – Sep. 1934
Construcción del templete
El Presbítero Andrés Elías Mejía Pérez levanta el templete que sirve de solio a la imagen, con planos del ingeniero Jesús Mejía y dirección del maestro de obras Gabriel González.
30 de septiembre de 1934
Inauguración del templete
Solemne inauguración con peregrinos de Entrerríos y San Pedro, que llegan acompañados de la imagen del Señor de los Milagros.
1934
La novena y la amenaza a la Diócesis
Monseñor Builes compone la novena en honor de Nuestra Señora de las Misericordias y prescribe su rezo obligatorio en la Diócesis. Ese mismo año surge el peligro de desmembración del territorio diocesano.
1935
El voto del Prelado
Ante el Seminario Mayor, Monseñor Builes hace el voto de levantar un magnífico templo si la Virgen libra a la Diócesis del peligro de desmembración.
1939
Una imagen en cada parroquia
El Obispo dispone que todas las iglesias parroquiales de la Diócesis tengan con honor una imagen de Nuestra Señora de las Misericordias.
2 de febrero de 1950
Anuncio de la Basílica
Circular en la que el Prelado anuncia el inicio de la construcción de la Basílica, cumplimiento del voto diocesano de 1935.
8 de septiembre de 1950
Primera piedra
Bendición y colocación de la primera piedra, en la columna angular del lado del Evangelio, con todo el esplendor del Ceremonial Litúrgico.
25 de febrero de 1952
Se reanudan los trabajos
Tras suspenderse para redefinir los planos —encargados a «Suárez, Gómez, Arango Ltda.»— se reanuda la construcción, comunicada por la Circular N.º 761 del 25 de marzo de 1952.
4 – 8 de septiembre de 1954
Bendición de la cripta
Durante el Congreso Mariano Diocesano se bendice solemnemente la cripta (5 de septiembre), con capacidad para cinco mil personas de pie.
1955
La hojita de los tres pesos
Ante la falta de fondos, el Prelado reparte una hojita pidiendo tres pesos por diocesano para continuar la obra. Circular del 8 de septiembre de 1955.
31 de mayo de 1956
Bodas de Plata del culto
Circular que invita a celebrar con extraordinaria solemnidad los 25 años de la inauguración oficial del culto (1931–1956).
1957 – 1959
Continúa la obra
Se reemprenden los trabajos con nuevo empuje; 1958 registra el mayor avance. Para abril de 1959 están terminadas la cripta y tres ojivas y media de 23 metros. Se recogen e invierten $319.942,71.
Junio de 1961
Nuevos apuros
El dinero escasea de nuevo; el Prelado escribe a personas pudientes de la Diócesis y de otras ciudades del país pidiendo su colaboración.
15 de julio de 1961
La novena por la Patria
Circular preparatoria de la novena, ofrecida para pedir protección contra el comunismo. Se coloca la gran flecha de 22 metros, donación del Clero diocesano.
8 de septiembre de 1962
Inauguración de la obra negra
Se entrega la Basílica al culto público: cruz griega de 850 m², capacidad para 3.400 personas, ojivas de 26 m de altura interior y flecha de 31 m. Se instala una imagen en mármol tallada por un artista italiano.
14 – 15 de agosto de 1963
La fiesta con el Nuncio
El Nuncio Apostólico Monseñor José Paupini visita la Diócesis, preside el desfile de la novena y celebra de Pontifical el día de la fiesta.
Hasta 1967
Retiro de Monseñor Builes
El Prelado sigue atendiendo los gastos finales de la obra hasta retirarse definitivamente del gobierno de la Diócesis.
1968 – 1970
Decoración final
Los sucesores de Monseñor Builes realizan los trabajos finales de decoración interior de la Basílica.
1971
Dedicación solemne del templo
Se celebra la dedicación solemne de la Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias.
1972
Proclamación como Basílica
El templo recibe oficialmente de la Santa Sede el título de Basílica.
1996
Erección como parroquia
La Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias es erigida como parroquia.

Oración a

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